LOS COLORES POST PANDEMIA

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Este es un blog personal, siempre trato de que "todo" sea personal, Lo personal es político, en palabras de Carol Hanisch, especialmente si hablamos de cosas subjetivas como el color. Mi historia en los últimos 5 años ha dado giros inesperados.

En cinco años (desde el sarscovid19) he transitado un camino serpenteante lleno de desafíos relacionados a quien soy y lo que quiero hacer, antes de esto iba un poco sobre la marcha: "Estudié Artes, tengo que pintar" es una zona gris y generalmente pantanosa donde much@s pasamos un par de años tratando de entender por primera vez ¿Qué es el arte? y ¿Qué significa realmente pintar?

Aquí va mi resumen de un párrafo: trabajaba para el Ministerio de las Artes y editoriales independientes como ilustradora. Llega una pandemia mundial, los fondos de cultura se recortan y las editoriales se resguardan de cualquier tipo de gasto extra (lxs ilustradores, por ejemplo). Caigo en crisis, los escasos ahorros se esfuman, hago una rifa de arte para pagar la renta los siguientes meses y me digo a mi misma: ¿Ahora qué? No estaba en mi país, no tenía una red de apoyo mayor que el que podía darme yo misma (mis amig@s artistas y escritores), y acababa de dejar una relación abusiva de 8 meses, de la que sobreviví con profundos estragos físicos.

Era la época más gris. Muy gris

Hace unas semanas en una lectura de poesía, una amiga me llevó de regalo unas fotografías que ella misma tomó de una vista panorámica de la calle Phillips  a menos de dos cuadras de mi departamento en ese entonces. Son unas fotos bellísimas de esa época oscura, en la que también me sentí muy sola. La luz es dura y contrastante, sepia bañando esos días grises. Pero ella sabe lo que representan estas fotos para mi, la fotografía cumple su función: el tiempo visto en retrospectiva ha sido sabio.

De una u otra manera surfie la pandemia con valentía, me adapté al encierro y sin ánimos de romantizar el dolor que padecieron muchos, a mi me venía perfecto. Fomenté una economía simple a través de talleres online, me rodeé de plantas y flores (hice el acto primigenio de conectar con la vida) y me dediqué a generar contenido freemium

En ese entonces yo misma no entendía qué significaba aquello, pero Pablo (mi esposo, convenientemente un magnífico publicista y mi manager) me explicó estratégicamente: Free (libre) mium (de premium) es aquello que se ofrece gratuitamente hasta un nivel, y del que después se extraen ganancias en un nivel más profundo o avanzado. Hacía talleres gratuitos en instagram, talleres que me mantenían sana y en contacto con otras personas, y me permitía promocionar contenidos más detallados por un cobro mínimo. 

En ese entonces tod@s necesitábamos conectar con nuestras manos (o siempre lo necesitamos, pero en ese momento el encierro y la pausa del mundo nos permitía hacerlo), y los talleres se vendían como pan caliente, eso me permitió tener ingresos estables pese a ser independiente. 

Gracias a los talleres y a las ideas y estrategias comunes pudimos hacer varias cosas como comprar un auto y mudarnos a un espacio más grande, además de planificar la llegada de una bebé en camino. Todo parecía estar en orden, pero soy apasionada y sensible, algo no se sentía del todo bien (aunado a las hormonas propias del embarazo) y entré en una nueva crisis existencial: estaba pintando a diario (con las clases que impartía) pero no estaba haciendo arte.

Me dediqué a pintar las flores y plantas que me mantuvieron en paz (amadas) pero aquello era una especie de retrato de mi vida en ese momento, una terapia, no un cuerpo de obra. 

También ocurrió que dentro de la crisis descubrí una vocación especial por comunicar (no así con la enseñanza en términos formales, que la respeto y de hecho me dedico a impartir clases acotadas semanalmente, conociendo ahora mis límites y al público que comulga con mis métodos de enseñanza) y no quería soltar esa herramienta, ¿por qué soltar algo que me hace tan feliz?. 

Sentarme frente a la pantalla se convirtió en un ejercicio natural, como buena investigadora todo lo que absorbía a través de lecturas diarias y mi formación (tengo un par de años capacitandome en color a la par de ser profesora) cobraba más sentido si podía compartirlo y discutirlo con una audiencia rica en universos (historiador@s, sociolog@s, artistas, psicolog@s, fotograf@s, am@s de casa, hij@s y abuel@s, ¡De todo!). 

Claro que esto tenía sus bemoles, el contenido que hacía tenía sus pros y contras, tal y como los griegos, Auctoritas et Potestas. Lo primero, hace referencia a un poder no vinculante pero socialmente reconocido, tenía autoridad, las personas confiaron en mi criterio para hablar de productos y técnicas porque siempre he privado primero mi reputación como difusora que las alianzas comerciales. Nadie va a encontrarme recomendando algo que a mi juicio no merece ser recomendado, ni promocionando negocios que no tiene políticas sustentables, además todo aquello que decía era mostrado y comprobado en vivo ante una audiencia, y por demás está decir que me gusta formarme un juicio de lo que comunico, con bases sólidas. 

Lo segundo, Potestas, (referido al poder de comunicar cuando se tiene muchos seguidores en rrss, dígase una buena audiencia, o una plataforma de alto alcance como la tv). Esto era algo que yo no tenía. Contaba con al menos 11.000 seguidores, poco o nada, comparado contra gigantes que para ese entonces tenían hasta 50.000, y mi contenido sufría tanto al diluirse en el formato de instagram, compitiendo por horarios con cuentas que me triplicaban en seguidores (aunque mis transmisiones siempre tenían un publico preciso, ávido de conocimientos como yo), como al plagio, muchísimo plagio.

Voy a detenerme en esto tan corto como sea posible: internet es una empresa construída por y para el plagio, porque funciona replicando estrategias de éxito destinadas a masificarse y reproducirse con formatos inmediatos, dígase imágenes (fotografía y video). Todo cuanto hacía era plagiado porque era contenido atractivo que no era presentado de la forma correcta (incluso hacía vídeo poemas hablando de los colores, video poemas que también plagiaron, con formatos reducidos que eventualmente si cobraban visualización pese a su reductibilidad, en palabras de Pablo, frases cortas que apuntaban a la melosería mediática, poesía para lettering). 

Plagiaron mis graficas, mis talleres y mis contenidos, generando en mí una necesidad abrumadora de dejar de hacer todo cuanto veía que se comenzaba a repetir masivamente. ¡LO SÉ! ¡Se lee como alguien que tiene el ego por las nubes! ¡Nena, Sara, que no inventaste los colores ni la pintura!

No, claro que no, pero me trasnochaba preocupándome de generar los mejores contenidos (Mi libro sobre color nació de la necesidad de hacer una guía para un taller, que terminó siendo un pdf de 60 páginas, cuando le pregunté a Pablo si lo veía completo, me dijo "Sara, esta es la base de un libro... No una guía dígital"). Planificaba gráficas para talleres corrigiendolas hasta tres horas, pero en menos de 24 horas las veía replicadas en dos o tres cuentas.

Me costó mucho entender que no era personal contra mí, esas personas no me conocían, yo tampoco sabía nada de ellas, eran simplemente las dinámicas de internet (Era paradójico, en menos de dos años mis problemas bajaron de perfil, de salir corriendo de una relación violenta, a huir de plagios mercantiles en la web ¿Sabías que en crisis mundiales y pandemias es cuando surgen mas estafador@s? Estadísticamente hablando, se ha comprobado que en medio de la desesperación las personas están más prestas a creer cualquier cosa que se les diga, hay un documental magnifico en Netflix que habla de este fenomeno.)

Pero esas dinámicas no me iban bien, comencé a hacer las cosas con desdén porque sabía que en pocas horas todo mi esfuerzo (talleres de pintura y de dibujo) lo estaría cobrando alguien por la mitad de precio (y la mitad de preparación). La economía de los talleres en pandemia estaba llegando a su fin, comencé a entender que todos volvían a sus oficinas, y que éramos los que trabajamos de forma independiente quienes teníamos que ver cual sería nuestra forma de salir de "ahí". Una cuestión que además se sumaba a la inquietud de ser madre y necesitar garantías para el futuro de mi hija.

Probé talleres en SKILLSHARE, PATREON, Talleres presenciales, talleres online y talleres personalizados, y mientras más los hacía más me costaba conectar con mi pintura. Era como si cada vez que tomara el pincel me recordase a mi misma que no era para aquello que quería tomarlo, dicho de otro modo, una vegana hambrienta tomando el cuchillo para trocear el cerdo a diario. Horrible. Amargo. 

Me quedé exclusivamente con los talleres que imparto en la municipalidad, ahí tengo alumnos de corte promedio adulto, hacemos tertulias y compartimos la vida, es lo más cercano a un círculo de pintura y lo disfruto plenamente. 

Y decidí dedicarme a la investigación (Hice una charla sobre la historia del papel en el sur de Chile y unas sobre Color para una fundación focalizada en apoyar a jóvenes de escasos recursos en áreas de STEAM) y resolutivamente volví a dibujar y a pintar para mi (al principio surgieron cosas flojas, inseguras, de línea nerviosa y colores tímidos, siempre es así cuando se abandona la pintura un tiempo, es una amante pasional, casi rencorosa). Ahora va mucho mejor y paso algunas jornadas absortas pintando en el estudio mientras escucho a mi hija corretear a mi alrededor, confío en que en febrero podré sacar a la luz estas nuevas pinturas porque me hacen muy feliz y son el resultado de muchos años de introspección que al fin consiguieron voz para contarse a través de estas imágenes. 

También decidí certificarme como consultora de color, fue un giro inesperado que me abrió los ojos y las puertas a un campo laboral en el que tengo muchos años sembrando semillas sin siquiera darme cuenta y ahora florece ante mis ojos (como todas las cosas honestas). De repente, ser una biblia de pigmentos y estudios comparativos de color se convirtió en mi norte y me veo a mi misma tanto absorta con el pincel en casa como revisando los objetivos comerciales y guías cromáticas de una empresa que desea cambiar el color de su producto. 

Me siento a gusto y si tuviese que darle una paleta a esta época de mi vida, definitivamente habría destellos de vino, rosa claro, verde viridiano y bronce.

Es una época seductora y elegante de mi vida, me paseo por la casa pensando, escribiendo y hablando sobre colores. Me veo como un reflejo de mi abuela que cosía la ropa de los vecinos y guardaba botones en frascos gigantes, separándolos por color, ¿Entendió alguna vez este tipo de felicidad, tan tranquila?

Grabo cápsulas de historias de color que yo amé descubrir en algún momento y confirmo reuniones a través de correos, reuniones que aromatizo con café árabe y paletas de color que configuré por tono y objetivo durante la noche antes de presentar mis propuestas. Es maravilloso, estoy inspirada, pinto, leo, dibujo, y sí, escribo.

Así que gracias por llegar hasta aquí, no ha sido un camino dulce, pero los colores vibran con intensidad en el escritorio, y yo me estremezco de solo pensar todo lo que se viene.

Con cariño, S. 

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